miércoles, 2 de enero de 2013

Hay que aprovecharse de ser celiaco. Restaurante Boliche (Zaragoza)


Esto de ser celiaco hay que aprovecharlo. Esta es mi conclusión tras finalizar el año 2012. Y yo la sigo al pie de la letra. Que no podemos comer pasteles, churros o bizcochos porque en las pastelería no hacen nada sin gluten. No hay problema, yo me como un bogabantes de 3 kilos. Que no podemos comer en restaurantes a los que los no celiacos acceden sin problemas y prueban todo tipo de salsas y condimentos, no importa, yo me como un buey de mar.

(Además de mi celiaquía, como ya sabéis, esta navidad se ha unido un nuevo impedimento que ha reducido mis opciones en el menú) Que mi mandíbula no me permite comer el típico guirlache de las fechas navideñas además del pan tostado y todo aquello que supere un grosor de un centímetro y que no quepa a través de mis dos hileras de dientes. No importa, me como unas ostras. 

BUSCAR EL LADO POSITIVO DE LAS COSAS

Hay que buscar el lado positivo de las cosas¿no? Pues yo esta vez he sido muy pero que muy positiva. Me he pegado un homenaje de los buenos. Y como no hay mal que por bien no venga, decidimos irnos a comer una mariscada al restaurante Boliche (Miralbueno, Zaragoza).

OSTRAS, ALMEJAS, CETOLLO Y BUEY DE MAR

Comenzamos con unas ostras y unas almejas a las que no me dio tiempo a hacer foto. Pero os aseguro que eran también increíbles de tamaño y sabor. Seguimos con unas alcachofas con almejas, estas más pequeñas que las anteriores a pesar de que eran grandecitas, y después con un centollo y un buey de mar de un kilo cada uno.

BOGABANTE Y TAITTINGER

Terminamos con este bogabante. La verdad es que no había visto nunca uno tan grande. Era de 3 kilos y nos lo comimos entre 4. No estuvo nada mal. Todo exquisito. Y sin gluten, por supuesto. Después para terminar la jornada nos tomamos un magnum de champán Taittinger. Buenos nos tomamos no, se tomaron, porque yo no pude catarlo por mi estado embarazoso


UNA VEZ AL AÑO NO HACE DAÑO

Os recomiendo que hagáis esto una vez al año, que uno se queda como un rey, de verdad. Al menos yo me quedé más ancha que larga. Creo que no hay mejor forma que despedir el año que así. Que ya vale con la que nos está cayendo ¿no? Al menos evadirnos aunque sea por unas horas, mientras degustas unas exquisiteces como estas, y repito, ¡sin gluten! Que otra cosa no, pero lo bueno de ser celiaco es que el champán, la calidad y el producto fresco no tiene gluten y eso hay que aprovecharlo.

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