miércoles, 24 de septiembre de 2014

Otoño, en el pueblo y sin gluten ¡es posible!



¿Qué es eso de que el otoño no es una estación bonita? ¡Claro que lo es! La melancolía es también un sentimiento agradable. La lluvia, el frío, el viento, las setas, el río, el bosque, los paseos, las comidas de cuchara, los colores del campo y de los árboles… Además uno nunca sabe cuando le puede cambiar la vida. Y el otoño es una buena estación para hacerlo. 
 
TE CAMBIA LA VIDA
 
A mi me ha cambiado de un día para otro y no sólo una vez, sino varias. Lo hizo con el diagnóstico de la celiaquia, que no es moco de pavo. Lo hizo con el cambio de trabajo, con el cambio de ciudad, con el nacimiento de Bruno... Pueden ser muchos los motivos y para bien o para mal hay veces que no puedes evitarlo. En mi caso he tenido suerte y siempre he sabido encontrarle el lado positivo, que es muy importante.


MIS CAPRICHOS SIN GLUTEN

A día de hoy estoy viviendo otro cambio de este tipo, pero en esta ocasión es diferente porque no es un cambio drástico como las otras veces, sino que está siendo en diferido, poco a poco, disfrutándolo más que nunca y a conciencia. El motivo más adelante os lo contaré. Eso sí, con mis bocatas de jamón sin gluten por aquí, mis magdalenas de chocolate por allá, mi pan con mantequilla y azúcar por otro o mis croquetas por este de más allá.

ME GUSTA VIVIR EN EL PUEBLO

Llueve fuera, dentro hago manualidades con un palet
Y es que esto de vivir en elpueblo me gusta y no poco. Esta tranquilidad de no hay prisa, este relax de no hay tráfico, este silencio para pasear aunque llueva con un chubasquero, este aire, esta luz… y siempre con cosas que hacer para no aburrirme aunque llueva.

CELIACA EN UN PUEBLO DE 100 HABITANTES
Por supuesto, hay que tener claro que una celiaca en un pueblo de montaña de 100 habitantes no va a encontrar las comodidades que tiene en la ciudad para comprar productos sin gluten. Pero si que es cierto que previsión hay que tener, ya sea en la ciudad o en el pueblo. Así que la compra se hace un poquito más grande y asunto arreglado.

Este cambio al pueblo está siendo temporal, en unas semanas recuperaré la vida en la ciudad con sus sonidos y sus ambientes típicos. Mis amigas no entienden muy bien qué hago aquí, ¡incluso me dicen que las he abandonado! Y mi marido ya nos echa de menos demasiado, asi que la vuelta será pronto. Pero en cuanto pueda ya estoy de nuevo en la montaña disfrutando de todo lo bueno que dejaré aquí y de todo lo que esta tierra me da con cada con cada amanecer.


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